sábado, 2 de mayo de 2009

Siempre Nos Quedará La Palabra...



"En el principio", de Blas de Otero

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Con este poema, Blas de Otero nos presenta la desoladora situación del país en los años de postguerra, la sangrienta España del franquismo y los valores prohibidos. Sus versos parecen estar llenos de tristeza, desesperanza y desilusión. Había perdido el tiempo, la vida, la voz, en definitiva, todo. ¿Qué le quedaba entonces?, le quedaba la palabra, como les quedaba al resto de los españoles.

El autor pretendía que, más allá de su amargura, los lectores encontraran a un Blas de Otero dispuesto a luchar, a no ser vencido. Pretendía que las personas fueran valientes, que gritaran el horror del país, que la nación se concienciara y que, los reprimidos, los pobres, los huérfanos, las viudas y los viudos, todos juntos, levantaran España. Por ello, su poesía no posee una gran belleza estilística, es una poesía social.

Le quedaba la palabra. Me queda la palabra. A todos nos quedará siempre la palabra. Porque así es como nos entendemos. No nos entendemos con muertos. Como tampoco lo hacemos con armas, con bombas, con guerras. Ni siquiera la mayor de las represiones podrá callar a la palabra. Hablaremos en silencio, hablaremos a escondidas, pero hablaremos.


jueves, 23 de abril de 2009

La muerte también tiene un precio

Valiente, sincera, excelente...son los calificativos más utilizados por la mayoría de periodistas que han publicado la vida de Jade Goody, ex concursante de Gran Hermano fallecida recientemente debido a un cáncer cervical. Además, hemos podido oír declaraciones del tipo: "Jade ha traido el cáncer cervical a la conciencia pública"; o como manifestó el primer ministro británico Gordon Brown, "la decisión de Goody de ayudar a su familia es algo que hay que aplaudir."


Admiremos a Jade Goody, admirémosla. Admiremos a la polémica concursante que nos vendió su vida privada en Gran Hermano, más tarde, publicó incluso su propia enfermedad y, posteriormente, su muerte, admirémosla. ¿Qué nos está pasando?, ¿dónde está el límite entre la esfera pública y la privada?, ¿por qué el propio oficio del Periodismo alimenta esta cruel realidad?, ¿qué más falta por vender o publicar?, ¿todo vale?, ¿todo se vende?, ¿tienen precio nuestras vidas?...


Es magnífico que, gracias a la joven, sus hijos puedan disfrutar de una vida más digna que la suya. Es magnífico el valor que ha mostrado, el apoyo de todo el país. Es magnífico el aumento del chequeo médico a posibles enfermas de este tipo de cáncer; como también lo es la concienciación de la muerte. Pero... seamos francos, ¿era necesario llegar a esta situación?


El "todo vale" no debe tener cabida en la profesión del Periodismo. Hay que establecer unos límites, límites que no están nada claros. Debemos informar, no vender por vender. La audiencia decide lo que quiere. Pero también piden y quieren lo que sabe que le podrán dar. Ahí, reside la profesionalidad del buen periodista y la moral individual.

lunes, 20 de abril de 2009

Chau pesimismo...

Chau pesimismo de Mario Benedetti

Ya sos mayor de edad
tengo que despedirte
pesimismo

años que te preparo el desayuno
que vigilo tu tos de mal agüero
y te tomo la fiebre
que trato de narrarte pormenores
del pasado mediato
convencerte de que en el fondo somos
gallardos y leales
y también que al mal tiempo buena cara

pero como si nada
seguís malhumorado arisco e insociable
y te repantigás en la avería
como si fuese una butaca pullman

se te ve la fruición por el malogro
tu viejo idilio con la mala sombra
tu manía de orar junto a las ruinas
tu goce ante el desastre inesperado

claro que voy a despedirte
no sé por qué no lo hice antes
será porque tenés tu propio método
de hacerte necesario
y a uno lo deja triste tu tristeza
amargo tu amargura
alarmista tu alarma

ya sé vas a decirme no hay motivos
para la euforia y las celebraciones
y claro cuandonó tenés razón

pero es tan boba tu razón tan obvia
tan remendada y remedada
tan igualita al pálpito
que enseguida se vuelve sinrazón

ya sos mayor de edad
chau pesimismo

y por favor andate despacito
sin despertar al monstruo

Que gran razón tiene este gran poeta. ¿De qué sirve en verdad ser de vaso medio vacío?, ¿de que sirve mirar hacia abajo y lamentarnos por todo?. Nosotros alimentamos nuestro propio pesimismo. Porque como dice Mario Benedetti nosotros le preparamos el desayuno, le intentamos explicar que somos gallardos y leales, que al mal tiempo buena cara...

¿Por qué intentamos convencer algo absurdo y no nos convencemos a nosotros mismos?, ¿por qué le preparamos el desayuno todos los días? Y claro, encima no es nada agradecido. Nada. Y por eso, está todo el día malhumorado, arisco... Consigue que nos frustremos, y nosotros dejamos que consiga que nos frustremos. Y aún así, ni siquiera está contento. Y se va colando en nuestras vidas. Se hace necesario. Es el odio que nos provoca, lo que nos hace estar ligados a él. Y no tiene razón, pero nosotros conseguimos ver que sí la tiene.

Queremos que se vaya, que se vaya para siempre. Despacio. Eso sí, sin hacer ruido, ¿nos da miedo su ausencia? No lo sé. Como tampoco sé porque existe el pesimismo, ni por qué escribo estas líneas cuando yo muchas veces vivo atrapada en él. Quizás es hora de decirle: chau pesimismo.